Mi cuadro en el Thyssen

Y la fiesta a la que aún podemos ir.

Era 1993.

Mi hermana tenía 13 años. Yo, 8.

Eloy, su profesor de Sociales, les había puesto un proyecto que debían hacer durante el año que consistía en un Álbum de Arte.

De la prehistoria a ese momento.

Así que ese año pasamos muchísimas tardes visitando museos con mi madre y mañanas en el Rastro con mi padre para que mi hermana se hiciera con una especie de cromos que había de los cuadros.

En una de las visitas al Thyssen llegamos a una sala y había bastante revuelo. Había cámaras de televisión, mucha gente engalanada a media tarde y un montón de camareros muy simpáticos que no paraban de darme jamón. De eso me acuerdo perfectamente.

Yo no sabía por qué estaba toda esa gente allí, pero me pareció un planazo.

El caso es que mi madre nos dijo que uno de esos señores era el Barón Thyssen, el dueño del museo. Y mi hermana quiso pedirle un autógrafo para su álbum.

Yo fui con ella, claro.

El señor fue muy amable, le dio el autógrafo y le estuvo preguntando por su álbum, sus autores favoritos y no sé qué más porque yo seguía atenta a los camareros.

Entonces se volvió a mí, me estrechó la mano (inconsciente de todo el jamón que yo había tocado) y me dijo:


—Y tú, ¿también estás haciendo un álbum?
—No. Yo he pintado un cuadro.

Todos los señores que estaban con él se rieron. Él no.

—¿De verdad? ¿Qué has pintado?
—Sí. La casa de mis abuelos.
—Me encantaría verlo.
—Vale. Te lo traigo mañana. Lo puedes poner aquí si quieres.

Me volvió a estrechar la mano y me dijo algo así como que teníamos un trato y que siguiera pintando, que allí hacían muchísimas exposiciones y necesitaban artistas.

Los señores volvieron a reírse.

(Risa nerviosa, supongo, porque yo estaba colocando mi primer cuadro en el Thyssen un jueves cualquiera. Con ocho años. No sé qué estaban haciendo ellos, la verdad).

En ese momento yo no entendí qué les parecía tan gracioso.

Él tenía un museo. Yo tenía un cuadro.
Até cabos…

En ese momento yo no estaba pensando en probabilidades, en si era razonable hablarle de mi cuadro o si a los de alrededor les iba a resultar tierno o ridículo.

Hacemos esto mucho con los niños.

Nos reímos cuando dicen que van a ser astronautas, que van a casarse con su mejor amiga o que el dibujo que acaban de hacer podría estar en un museo.

Porque nosotros tenemos más información que ellos. Sabemos qué es probable. Qué es difícil. Qué suele funcionar. Qué cosas pasan normalmente y cuáles no.

A nosotros. Desde nuestra experiencia y punto de vista.

Obviamente eso es muy útil para impedir que a tu hijo le atropelle un camión. Pero que mi cuadro no acabara ese día en el Thyssen no quiere decir que uno de mis hijos no acabe exponiendo allí (ojalá).
Habrá que seguir probando, ¿no?

En 2009 un señor que sabía bastante más que yo sobre probabilidades y sobre el Universo en general, probó también algo que a muchos les resultó extraño. Extravagante como poco.

Montó un fiestón.

Encargó comida. Flores. Decoración. Eligió la música y se aseguró de que el champán que más le gustaba (y le gustaba mucho) estuviera frío.

Dejó perfectamente indicados el día, la hora, el lugar y hasta las coordenadas.

Y esperó.

No apareció nadie en su fiesta.

Normal.

El que daba la fiesta era Stephen Hawking, y había organizado una fiesta para viajeros en el tiempo.

La gracia estaba en que no hizo públicas las invitaciones hasta después de que la fiesta terminó.

La idea es que en algún momento del futuro, cuando descubramos cómo viajar al pasado, una persona encuentre aquella invitación, vuelva a Cambridge en 2009 y se presente en la fiesta.

Y el champán seguirá frío.

¿No te parece magnífico?

Pues si esta iniciativa se la cuentan a los señores engalanados que estaban con el Barón Thyssen, seguramente se habrían reído igual.

(Un momento: ¿me acabo de comparar tranquilísimamente con Stephen Hawking? Es posible, pero acéptamelo, que no estaba yendo por ahí ahora).

Nuestro cerebro es un poco como esos señores y hace algo parecido constantemente.

Utiliza todo lo que ya sabe para anticipar qué va a ocurrir después.

Si suelto un vaso, caerá.

Si toco algo muy caliente, me quemaré.

Es súper útil. Imagínate tener que descubrir el mundo desde cero cada mañana.

Pero lo interesante es qué ocurre cuando el mundo no hace lo que esperábamos.

En neurociencia se habla de error de predicción: la diferencia entre lo que esperábamos que ocurriera y lo que ocurre de verdad. Esa diferencia es justo la que puede convertirse en nueva información y ayudarnos a actualizar lo que sabemos.

Creo que va a pasar esto.
Pruebo.
Resulta que no.
Aprendo algo que antes no sabía.

Y aquí está lo que me interesa de los niños.
Nosotros llevamos muchos más años acumulando experiencias que ellos.

Tal castillo se cayó. Aquella idea que probaste no funcionó. El Barón Thyssen acababa de venderle el museo al Estado y ahora dependía de aquellos señores que se reían y por eso había cámaras y jamón.

Pero esas experiencias son las nuestras. Y está bien que se las compartamos para evitarles problemas. Pero si siempre nos adelantamos a contarles el resultado, reemplazamos la que tiene que ser su experiencia, por la nuestra.

Para ponerle palabras a la suya, ya lo sabes, tienen el Diario de Valientes.

Pero a partir de este Otoño, su experiencia y sus ideas se van a hacer aún más grandes. ¿Cómo? Ampliando los puntos de vista. Ya no va a ser sólo el niño con su diario. Ni va a hacerlo solo. Porque vuelve la Comunidad Amorami.

Y vuelve de dos maneras:

La primera: el Libro Viajero. Es un libro que escribimos entre todos (Fíjate si están abiertas las posibilidades en ese libro).
¿Cómo funciona? Cada mes, una de las familias suscritas, escribe un capítulo desde donde lo ha dejado la anterior. Empezamos en Noviembre.

El primer capítulo lo van a hacer mis hijos Álex y Adri (yo les ayudaré) y os lo mandamos a todas las familias que estéis dentro. Cada mes le irá tocando a otra familia continuar la historia (os avisamos con tiempo). Y a ver dónde llegamos. Te suscribes por 10 € al mes. Regalao.

La segunda: el Club de Lectura Amorami. 1 libro al trimestre que leemos con los niños en casa. Vas recibiendo preguntas o reflexiones en el mail durante ese tiempo para comentar con tu hijo (o con tu familia si decidís hacerlo todo). Como en los clubes buenos, nos reunimos una vez al trimestre y comentamos. 29 € el trimestre. Otro regalo.

Pero es que si te apuntas a las dos cosas ahora que estamos de lanzamiento, (Libro Viajero + Club de Lectura), son 52€ el trimestre completo.

Aunque a lo que te estás apuntando en realidad es a compartir nuevas ideas, fomentar la creatividad y la lectura de tus hijos (que de pronto quieren leer porque sus nuevos amigos también lo están haciendo), a mejores conversaciones en la cena y a tiempo de ese que llaman de calidad (a mí es que todo el tiempo me parece bien). Libro Viajero y Club de lectura, aquí.

Y el Diario de Valientes, aquí.

 

En los márgenes

En 1939, George Dantzig llegó tarde a una clase de estadística en Berkeley.

Al entrar vio dos problemas escritos en la pizarra.

Pensó que eran los deberes.

Los copió, se los llevó a casa y descubrió que eran bastante más difíciles de lo habitual.

Tardó varios días en resolverlos y después se los entregó al profesor, disculpándose por haber tardado tanto.

Unas semanas después, su profesor apareció emocionado en su casa.

Resulta que aquellos dos problemas de la pizarra no eran deberes.

Eran dos problemas famosos de estadística que todavía no habían sido resueltos.

Dantzig no lo sabía.

Él simplemente pensó que tenía que hacerlos.

Y los hizo.

CRACK.

Años después contaría que, si hubiera sabido que eran problemas abiertos, probablemente se habría sentido intimidado y ni siquiera habría intentado resolverlos con la misma naturalidad.

Me encanta.

Porque algunas veces saber más nos permite llegar muchísimo más lejos.

Y otras veces lo que conviene es no saber tanto e ir poniendo el champán a enfriar.

Un abrazo,

Naomi

 

PD: Sí, te ha sonado al principio del Indomable Will Hunting, porque se basaron en la historia de Dantzig.

PD2: Libro Viajero + Club de Lectura, aquí.

PD3: Diario de Valientes, aquí.

PD4: Nos vemos también en Instagram en @cartasdeamorami

 

Joana es madre de tres niños, de 9, 6 y 4 años: “¿Por qué tengo que llevar a mis hijos al colegio como si estuviéramos en guerra?”. Viven en Ceuta. Leo que el Estado ha anunciado ayudas psicosociales para mejorar su situación. Ojalá fuera una broma.

 

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