El bullying como sistema.
A mí hay gente que me encanta.
Shakira, por ejemplo.
Y a menos que hayas estado metido en una gruta tibetana sellada con una piedra, es posible que te hayas enterado de que Hacienda tiene que devolverle sesenta millones de euros con intereses (que pagamos tú y yo, por cierto) por una multa que no debió ponerle jamás.
Pero se la puso. Hace ocho años, concretamente.
Ocho años revisando papeles.
Ocho años de abogados.
Ocho años teniendo algo encima de la mesa que no debería
estar ahí.
Qué-pe-re-za.
Porque incluso cuando tienes razón, hay cosas que desgastan.
Hace unos años, recién vuelta a España, Hacienda también me
llamó a capítulo.
Que a ver qué pasaba con una cosa que yo había declarado (voluntariamente, por cierto) y que tenía que pagar nosecuantitos.
Fui a que me lo explicaran despacio. Tres veces. Tres versiones distintas. Google tenía la suya.
Pregunté a varios asesores.
—Uf, qué lío. Si puedes, paga y te lo quitas de encima.
Eso fue lo que me dijeron. Seguía sin parecerme justo.
Recurrí, claro.
Y me acabaron dando la razón.
Otra cosa más en común con Shakira.
Y dos casos no son representativos, pero a veces se nos olvida que
dos puntos hacen una línea.
¿Por qué te cuento esto?
Pues porque cuando pasó lo de Mateo, revisé a algunas cosas
y llegué a una conclusión:
El bullying no es un problema individual.
Es institucional, sistémico y estructural.
Lo de Shakira, por ejemplo, sería institucional.
¿Qué lo hace sistémico?
Seguro que te suena la historia del elefante encadenado de Jorge Bucay.
Cuando es pequeño, lo atan con una cuerda finita a una
estaca.
El elefante tira. Patalea. Se retuerce.
Y no puede soltarse.
Lo intenta muchas veces.
Hasta que deja de hacerlo.
Y entonces crece. Muchísimo.
Se convierte en un animal gigantesco que podría arrancar la estaca de un tirón. Podría echar el circo entero abajo, si quisiera.
Pero ya no lo intenta.
Porque aprendió de pequeño que no podía.
Y eso es, para mí, lo más peligroso del bullying. De cualquier forma de acoso en realidad.
No el momento concreto. Sino lo que enseña.
Porque cuando uno aprende muy pronto que protestar no sirve, que incomodar trae consecuencias o que es mejor darle el dinero del bocadillo al abusón y quitárselo de encima, a veces deja de intentar soltarse incluso cuando ya podría.
Y cuando suficientes personas aprenden eso, se hace sistémico.
Pero además ocurre otra cosa que lo vuelve estructural.
Cuando empecé con este proyecto me revisé los protocolos del bullying en los coles. Lo hice súper a fondo (en plan loquísima, no me escondo).
Y no tienen sentido.
Imagínate un detector de incendios diseñado para activarse sólo cuando la casa ya está completamente ardiendo.
Técnicamente detecta incendios.
Sí.
Pero tarde.
Pues esto es, tal cual, lo que pasa con los protocolos de bullying.
Tal y como se aplican, para que pueda considerarse que hay bullying y abrirse un protocolo, tiene que demostrarse que pasan 3 cosas: intencionalidad de hacer daño, repetición y desequilibrio de poder.
Fíjate lo fácil que es, según eso, desmontar un caso simplemente diciendo que los agresores no se estaban dando cuenta de que sus burlas no eran graciosas, que lo empujaban jugando, que no lo ha hecho con mala intención, que ha sido algo puntual o que, al ser niños de la misma clase, está pasando entre iguales…
Si defines mal el problema que quieres resolver desde el principio, el protocolo es inútil.
Ni siquiera voy a entrar en el infierno administrativo (y de otras índoles) de esos protocolos cuando se activan, o en el hecho de que cambien por comunidad y casi por barrio…
Porque el principal problema en muchos casos es que para cuando las cosas pueden demostrarse con claridad
el niño ya lleva muchísimo tiempo sufriendo. La mayor parte, en silencio.
Y por eso en el Diario de Valientes les invitamos a pararse.
A escuchar lo que les pasa en el cuerpo.
A ponerle palabras.
A buscar ayuda si lo que les pasa es más grande que la nube en la que dejar ir las cosas los domingos...
Porque si al niño no le están haciendo nada, es un mapa del tesoro. Se lo pasan bien, refuerzan la autoestima, y ya.
Pero si está empezando a pasar algo, el Diario es un detector.
Pero de los buenos.
De los que saltan con los primeros humos. Antes de que llegue el fuego.
Puedes descubrirlo aquí.
En los márgenes
Cuando vivía en Londres, uno de mis sitios favoritos era St Paul’s.
Otro día te hablo más de esto, que es tan preciosa que da para peli, pero hoy te hablo de ella por lo de no dejar que el fuego crezca.
Seguramente hayas oído hablar del Blitz durante la Segunda Guerra
Mundial.
Como es sábado por la mañana, igual no caes, así que te refresco rápido: Hitler, harto de Churchill y de que los ingleses no se rindieran, hizo una guerra relámpago con bombardeos continuos en las ciudades más importantes de Reino Unido.
El bombardeo más largo fue en Londres durante 57 noches seguidas.
57.
Imagínate: sirenas, humo, la gente refugiándose en el metro... Londres en llamas.
La dejaron echa un páramo.
Y en medio de todo eso, St Paul´s resistiendo. Porque St Paul´s no cayó.
En algunos sitios cuentan que las bombas nunca le dieron.
Pero en realidad, sí le dieron.
Durante esas noches le dieron unas treinta veces con bombas incendiarias.
Pero Churchill decidió que St.Paul´s era el símbolo espiritual de la ciudad y se negó a que cayera. Así que designó una brigada especial que extinguía los incendios en cuanto caía una bomba.
Cada vez que caía. Y así, durante 57 noches.
Y durante todos los demás ataques, que los siguió habiendo.
Por supuesto, había zonas de la catedral en las que de haber caído una bomba, la brigada no habría tenido nada que hacer.
Pero a ver.
Es la casa de Dios. (Y qué casa, amiga).
Por supuesto que no cayó una bomba en esos puntos.
Dios siempre hace su parte. A ti te toca hacer la tuya.
De no haber estado la brigada de Churchill allí haciendo lo suyo, St Paul´s habría acabado cayendo por las 30 bombas tontorronas.
Y por eso me gusta tanto lo de Shakira.
Porque durante ocho años se ha hecho un St Paul´s claramente.
Si tú también quieres tu brigada antiincendios por si
aparece algún fuego en el cole, es aquí.
Un abrazo,
Naomi
Por cierto, la foto mítica de St Paul´s en el Blitz, es esta.
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