La magdalena de Proust

Sobre ensanchar el mundo.

Antes del dulce, dos cosas:

1. Nos han dado (otro) premio. Lo sé, muy guay.
2. Te veo el miércoles 30 de septiembre a las 19:00. 1 hora. Gratis. Juntos. Y nos aseguramos de que este curso las cosas salen bien.

Luego te doy detalles. Vamos con la magdalena.

Un día Proust llega helado y triste a su casa. Su madre le ofrece un té y una magdalena de esas francesas con forma de concha.

La moja en el té y la prueba.

De repente siente algo extraordinario: una sensación de felicidad enorme que no sabe de dónde viene.

Intenta entenderla sin conseguirlo. Piensa. Nada.

Vuelve a probar.

Y, de pronto, aparece el recuerdo.

Combray.

Las mañanas de domingo.

Su tía Léonie ofreciéndole de niño un pedacito de magdalena mojado en té.


Y detrás de aquella primera imagen empieza a aparecer todo lo demás.

La casa, el pueblo, las calles, las personas de esa época… un mundo entero que seguía dentro de él.

La escena, que es una del primer libro de En busca del tiempo perdido, acabó convirtiéndose en una de las más famosas de la literatura y ha dado nombre al efecto Proust, que explica de forma súper clara cómo funciona la memoria olfativa y cómo un olor puede transportarnos a un momento concreto.

Porque los olores (y, en el caso de la magdalena, esa mezcla también con el gusto) tienen una relación especialmente poderosa con nuestros recuerdos autobiográficos.

No es casualidad.

Se cree que esa relación entre olfato y memoria se debe a que las emociones y el procesamiento de los olores se encuentran en la misma zona del cerebro, el interior del sistema límbico.
Por eso a veces basta abrir un armario, entrar en una casa o cruzarte con una esencia para que tu cerebro haga:

CLICK.

Y te lleve a otro lugar.

Desafortunadamente, parece ser que los humanos somos sorprendentemente malos traduciendo los olores en palabras.

Haz la prueba.

Huele algo que tengas cerca e intenta describir su olor sin decir el nombre de otra cosa.

No vale huele a limón.
Ni a tierra mojada.
Ni a café.

Describe el olor con una palabra que le sea propia, como hacemos con los colores.

Nada, ¿no?

Durante mucho tiempo estaba clarísimo que los seres humanos teníamos una dificultad para nombrarlos. No podíamos y punto.

Hasta que se descubrió a los Jahai, un pueblo de Malasia que tiene un vocabulario específico para decir a qué huelen las cosas.

Su lengua tiene palabras abstractas para distintas cualidades olfativas. Y tiene sentido, porque son cazadores-recolectores. Ellos no siembran; ellos encuentran alimentos.

Y como tienen que encontrarlos y no liarse con nada tóxico, han aprendido a prestar atención a diferencias pequeñas y han creado palabras para nombrarlas.

No huele como a… huele a algo concreto y específico que se llama de alguna manera impronunciable.

¿No te parece fascinante?

No es que los humanos no sepamos nombrar olores. Es que no hemos dejado de hacerlo porque no lo necesitamos.

Y eso, necesariamente, hace el mundo más estrecho. (imagina todos los avances que podríamos hacer en el campo de la memoria si controlásemos mejor el olfato, por ejemplo).

Pero esto de conocer los códigos, aplica a todo.

El otro día te conté cómo encontré mi piso en Inglaterra. Bueno, pues mientras, había empezado a trabajar.

Yo llegué allí convencidísima de que hablaba inglés. Tenía todos los títulos posibles que lo acreditaban.

Podía incluso transcribir textos utilizando símbolos fonéticos. (Una habilidad que espero que algún día me dé la oportunidad de salvar a la humanidad o algo así, porque hasta ahora, no me ha servido absolutamente para nada.)

¿Qué pasó esas primeras semanas con mi inglés perfecto?

Que no me enteraba de nada. Pero cero.

Yo estaba en reuniones en las que se decían unas cosas y luego pasaban otras.

Y yo había entendido las palabras. Había tomado notas incluso… pero la realidad iba por otros derroteros.

Y entonces descubrí el concepto del understatement.

Es algo así como parece que he dicho esto, pero esto es lo que te estoy diciendo en realidad. Te doy ejemplos:

Un inglés podría decirte: Not bad.
Y no significa que no esté mal. Seguramente sea el mejor día de su vida y vaya a cenar con Beyoncé. O tú has hecho un trabajo increíble y te va a dar un ascenso. Pero el tipo va y te dice not bad.

Quite good.
Y no significa que esté bastante bien. Probablemente, lo que sea, es lo peor y de ninguna manera va a salir adelante.

That's interesting.
¿Interesante? No. Aburrido. Cuéntame algo mejor.

That's very brave.
Que no es que algo sea valiente. Es que es una locura y no lo vamos a hacer.

With all due respect no contiene nada del debido respeto y mejor que no te tomes I strongly recommend you, como una recomendación. Lo haces y punto. O te atienes a las consecuencias (que las habrá y no te van a gustar).

Así todo el rato. Y yo mientras, buscando mi momento para escribir en fonético.

Un desastre.

¿Qué hice?

Resulta que en mi pueblo de la campiña, además del castillo de Downton Abbey, había una universidad, el Newbury College.

Busqué y había un curso de comunicación avanzada.

Dos años contándome los mejores secretos de Maquiavelo. En serio.

Aprendí sobre el understatement. Pero también que existe algo (de lo que por cierto, la IA carece por completo), que es la pragmática.
Que es todo lo que tiene que ver con el contexto. La cultura. La intención.

Todo aquello que hace que exactamente las mismas palabras puedan significar cosas completamente distintas.

Una cosa llevó a la otra y empecé a aprender cómo eso impacta en nuestro cerebro y percepción.

Me cambió la vida, claro.

Ya no sólo veía los cuchillos volar de lejos en las reuniones o entendía por qué el oyente que llamaba a la radio a contar el problema de la rotonda de su pueblo hablaba como si acabara de poner un satélite en órbita…

Entendí que usar unas palabras en lugar de otras puede hacerle la vida más fácil a tus clientes e incluso cambiar la forma en que se vinculan con tu producto.

Y entonces pasó lo de Mateo. (Si no sabes de qué te hablo, lo lees aquí).

Y yo pensé, después de nuestras cartas que seguramente habría algo como el diario de Valientes que pudiera regalarle para que lo hiciera con sus padres en casa.

Pero no había nada.

De nuevo, una cosa llevó a la otra y ya lo hay.

Y esto me hace muy feliz porque en un mundo en el que cada vez se les dan más estímulos a los niños y les bombardean la atención, hemos hecho algo para que se paren, escuchen sus emociones y le pongan palabras.

Justo lo que hacen los Jahai con los olores.

Y eso, además, trabaja su memoria.

Por eso quiero verte el 30. Te apuntas aquí.

 

En los márgenes

El fin de semana pasado estuve de boda. Se casaban Miky y Rocío.

Te he hablado de Miky antes. Somos amigos del colegio.

Durante la cena hablamos del discurso de mi amigo Luis, que decía que Rocío es tan simpática que sería capaz de alegrar al argentino que hipotecó su casa para ir a la final del Mundial.

Yo me partía con eso.

Porque lo de Rocío es MUY CIERTO.

—Pero eso que has dicho del tipo ese argentino, es broma, ¿verdad, Luis?

—Qué va. El tío pensaba que iban a ganar.

—Nooo…

Te prometo que intenté no reírme. Pero tenía a los Pablos al lado y la cosa sólo escaló.

¿Por qué te cuento esto?

Porque lo que no te conté en su momento es que Miky habla cinco idiomas, ha vivido en varios países, ha trabajado en banca, en logística y no sé qué más porque ya me pierdo y en un momento dado, decidió hacerse profe y volver al cole a enseñarle Economía a los chavales.

Bueno, les enseña Economía y los invita a pensar.

Pero es que encima, Miky fue bakala. Pero no bakala de chándal y riñonera (hay clases), bakala de que se iban unos cuantos un viernes a Valencia en el coche de su hermana y volvían el lunes recién duchados.

Ese bakala.

Así que cuando un chaval se despista, Miky viene del futuro con sus pendientes para contarle que se deje de chorradas. Y le hacen caso, claro.

Pero es que se ha casado con Rocío, que es maravillosa y hace lo propio en un centro de Formación Profesional.

Sí, esa pareja existe. Y le está ensanchando el mundo a los chavales.

Por eso la primera persona a quien pedí ayuda para ver cómo enfocaba el Diario de Valientes fue a Miky.

Porque a la gente buena que hace algo para que la vida de los demás sea mejor hay que tenerla cerca.

Y por eso nos juntamos el día 30.

Reservas tu plaza y conoces a otra gente comprometida como tú con educar en el respeto y prevenir el bullying, aquí.

Un abrazo,

Naomi

 

PD: ¡Que no te he contado lo del premio! Esta semana Cartas de Amorami ha recibido el accésit al Mejor Pitch en los Premios Emprendedoras 2026 del Ayuntamiento de Madrid.

PD2: Nos vemos también en Instagram en @cartasdeamorami.

 

Casa-colegio. Colegio-casa. Eso es todo lo que están pudiendo hacer los niños en Ceuta estos días. Y si eso, que el absentismo sigue por encima del 10%, por miedo.

0 comentarios

Dejar un comentario