Dos libros y 1000 palabras bonitas

Esta semana ha sido el Día del Libro. Un día especial para cualquiera a quien le guste leer, escribir… o cazar dragones como a San Jorge.

El caso es que por distintos motivos, me he pasado la semana hablando de libros. La semana pasada una amiga me trajo uno llamado Nagomi.

—Con ese nombre, era para ti. Mira el subtítulo.

—“El camino japonés hacia la armonía y la alegría de vivir“. Me encanta.

—¿Ves como era para ti?

Del libro, si os interesa, os cuento otro día. Pero como el concepto me gusta, ya me lo he apuntado en mi lista.

Creo que te he contado alguna vez que me encantan las listas. Tengo de todo tipo. Y una sólo con palabras que me gustan. Algunas las apunto al descubrirlas. Otras, si ya las conocía, con una nota de dónde las he visto. Otras porque me gusta cómo suenan.

Palabras que, de repente, hacen clic. Como si alguien hubiera encontrado la forma exacta de nombrar algo que yo ya sentía.

Por ejemplo: Maresía. El olor del mar.

Ese que no es sólo sal. Es verano. Es infancia. Es calorcito.

Es algo que no sabías que tenía nombre… hasta que lo lees y dices: efectivamente.

Y entonces, se queda contigo. Y ya puedes volver a ese lugar siempre que quieras.

Con una palabra.

Porque lo que no tiene nombre… se escapa.

No se puede explicar.
No se puede compartir.
No se puede sostener.

Por eso cada vez que escuchaba de pequeña a ese tipo que anunciaba por la radio su método de “Inglés con 1000 palabras”, me daba como cosa de pensar, pero ¿1000 palabras solo? ¿con cuáles te quedas?

1000 palabras pueden parecer pocas, o muchas. Depende de cómo lo pienses.

En el Diario de Valientes, cada día, se invita al niño a apuntar la palabra más bonita que se le ocurra. 90 días seguidos recogiendo palabras bonitas, piénsalo.

Una niña me dijo un día que no tenía más palabras. Que ya había usado todas las buenas: Amor, Familia, Hermana, Amiga y Maga (el nombre de su perra).

—¿Has puesto tu nombre?

—Es verdad. Pero eso es 1 día sólo.

Estuvimos pensando en las cosas que le gustan. Saqué mi lista de palabras bonitas y encontramos algunas para esas cosas.

—Ahora no me van a caber todas en el diario.

Lo había pillado perfecto.

—Es tu diario, usa los márgenes. O más papel.

Y gracias a ella, lo pillé yo. Las palabras definen nuestra realidad. Por eso, una realidad de 1000, igual no basta.

Como no es lo mismo atesorar 5 palabras bonitas, que 125, o que 300.

Por eso jugamos a eso con los niños. Y por eso, a los que quieren, se las ponemos en una capa.

Te dejo una lista de algunas de las que tengo yo apuntadas:

Maresía — olor del mar

Petricor — olor de la lluvia sobre la tierra seca

Serendipia — encontrar algo valioso sin buscarlo

Saudade — nostalgia dulce por lo que se echa de menos

Meraki — hacer algo con alma y cuidado

Limerencia — enamoramiento intenso e idealizado

Evanescente — que desaparece poco a poco

Efímero — que dura muy poco

Inefable — que no se puede explicar con palabras

Elocuente — que transmite sin hablar

Amanecer — primera luz del día

Atardecer — cuando el día se apaga

Claroscuro — contraste entre luz y sombra

Fulgor — brillo intenso

Resplandor — luz suave y continua

Susurro — sonido casi imperceptible

Latido — pulso del corazón

Bruma — niebla ligera

Calma — ausencia de ruido o agitación

Sosiego — calma profunda y estable

Intemperie — estar expuesto, sin refugio

Asilo — lugar o estado donde uno encuentra protección y amparo

Arraigo — sensación de pertenencia

Desvelo — estar despierto más allá del sueño

Anhelo — deseo profundo

Afecto — cariño expresado

Compasión — sentir con el otro

Asombro — sorpresa que abre

Estremecimiento — emoción que recorre el cuerpo

Plenitud — sensación de estar completo

Vacío — ausencia que se siente

Presencia — estar de verdad

Conexión — vínculo real

Encuentro — momento en que algo o alguien llega

Desencuentro — cuando no se logra ese vínculo

Reencuentro — volver a encontrarse

Refugio — lugar donde uno se siente a salvo

Horizonte — lo que está más allá

Raíz — origen profundo

Brote — comienzo de algo nuevo

Pulso — ritmo interno

Ritual — repetición con sentido

Huella — marca que permanece

Umbral — punto de paso

Deriva — moverse sin rumbo fijo

Quietud — inmovilidad con intención

Abrigo — lo que protege

Desahogo — soltar lo contenido

Ternura — suavidad emocional

Fugaz — breve pero significativo

Inquietud — movimiento interno

Revelación — algo que se entiende de repente

Jarana — alegría ruidosa, fiesta compartida

Alborozo — alegría intensa y expresiva

Añoranza — nostalgia profunda

Templanza — equilibrio sereno

Intuición — saber sin saber por qué

Despertar — momento de darse cuenta

Puedes trabajar en tu lista, en la de tus hijos o en todas ellas, durante los próximos 90 días, aquí.

 

En los márgenes

Otro de los libros de los que he hablado estos días ha sido el de Devociones, de Mary Oliver. Para quien no lo conozca, es una antología de la poeta americana, que, con un estilo muy simple, se hace preguntas muy profundas.

El libro es una preciosidad que habla continuamente de la naturaleza, pero es que además tiene perlas como estas:

“Quienquiera que seas, por muy solo que estés, el mundo se ofrece a tu imaginación…”

“Solo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo ame lo que ama.”

“Instrucciones para vivir:
Presta atención.
Asómbrate.
Cuéntalo.”

O, mi verso favorito del mundo:

“Dime, ¿qué vas a hacer con tu única vida salvaje y preciosa?”

Y si te apetece, me respondes a este mail y me lo cuentas.

Un abrazo,
Naomi

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