Hazlo a propósito.
Igual esto no te lo esperabas: pero me encanta Dolly Parton.
Pero antes de sacar la purpurina, te recuerdo nuestra cita el 30 de septiembre a las 19:00 h Madrid.
Es un momento clave porque durante las primeras semanas es cuando pueden aparecer primeras señales que merece la pena saber mirar. Hablaremos de qué observar, qué podemos hacer en casa para fortalecer su autoestima y qué recursos construimos por si hacen falta.
Es 1 hora. Es online. Es gratis.
Y te apuntas en 7 segundos este enlace.
¿Ya? Pues vamos.
Dolly Parton, que me chifla.
¿Me gusta a mí acaso el country? En absoluto. (Repito Beyoncé: en absoluto).
La que me encanta es ella.
Cuando vivía en Inglaterra, daba charlas STEM. Iba a los colegios a contarles que la ciencia no va sólo de mezclar probetas en un laboratorio. También puedes ayudar a las personas analizando datos y haciendo cosas (buenas) por ellos. Seas chico, chica, pijo o punk. Ese tipo de charlas.
Al final mi empresa pasaba un cuestionario a los chavales. Y yo me los leía, claro.
El caso es que en uno, alguien (eran anónimos), puso algo como:
—¿Seguro que podemos trabajar contigo? A mí me dicen que no sirvo para pensar mucho.
Eso tal cual. Que no servía para pensar mucho.
En fin.
Así que para la charla del trimestre siguiente preparé un vídeo.
Busqué trozos de entrevistas a Britney Spears, Beyoncé, Alicia Keys o Shakira de principios de los 2000 y conciertos llenísimos, parte de letras que han escrito ellas o patrimonio neto de cada una.
Mi idea era que ellos mismos vieran que el hecho de que alguien te trate como si fueras idiota no constituye una prueba especialmente sólida de que lo seas. De hecho no significa nada en absoluto.
Y aquello resultó bastante más fácil de contar de lo que esperaba.
Porque había entrevistas en las que pseudoperiodistas (algunos muy ilustres) no es que las infravalorasen. Es que las insultaban directamente.
(Poco hizo Britney rapándose la cabeza con lo que tenía que aguantar día sí y día también).
El caso es que, mientras preparaba el vídeo, el algoritmo decidió colaborar.
Empezó a enseñarme entrevistas cada vez más antiguas.
Pamela Anderson. Jane Fonda. Audrey Hepburn.
(Sí. Hasta con Audrey se metían).
Y entonces apareció ella: Dolly Parton.
Con Dolly tuve que hacer zoom.
Y no porque fuera chiquitita, que lo era.
Sino porque era tan brillante respondiendo que daba para sacarse las palomitas.
Por si no la ubicas: Postizos rubio platino, bien de labio fucsia, ojos de faraón, taconazo, nylon, lycra, pedrería y talentazo. Mucho de todo y todo a la vez.
Preguntas reales que le hacían sobre su aspecto:
—¿No consideras que eres white trash? (basura blanca, que es una forma muy despectiva de referirse a la población analfabeta de zonas deprimidas de EEUU).
O, directamente:
—Pareces una prostituta ¿no crees que te tomarían más en serio si no te vistieras así?
—¿Qué opinas de eso que dicen de que las rubias sois tontas?
Sus respuestas eran siempre MARAVILLA.
Para las del tipo de las dos primeras, empezó a explicar con toda la gracia que de pequeña había una mujer de su pueblo que usaba colores, se arreglaba como hacía ella ahora y le parecía espectacular. Y que cuando intentaron explicarle que era la prostituta del pueblo, ella simplemente respondió que quería parecerse a ella y que costaba mucha pasta parecer tan “barata”.
Toma dos tazas.
A lo de rubia, simplemente contestó:
—No me molesta en absoluto que digan que las rubias son tontas. Yo sé que no soy tonta… Y que tampoco soy rubia.
Y por si a alguien no le había quedado claro, acuñó la que para mí es una de las mejores frases de la historia:
—Descubre quién eres. Y hazlo a propósito.
Que es como el Conócete a ti mismo del oráculo de Delfos, pero en versión Rock and Roll.
Dolly sabía perfectamente lo que los demás veían. Sabía que la caricaturizaban.
Pero parecía haber entendido que la opinión de los demás puede ser información sin convertirse automáticamente en una instrucción.
Hace tiempo vinieron varios niños a merendar a casa. En un momento de la conversación, el hermano de uno, de unos 12 años, iba a contar algo.
Se frenó.
Y dijo:
—Yo mejor no digo nada, que siempre la lío. Si total…
Nadie se había reído. Nadie le había dicho que se callara.
Me hizo pensar que a veces no hace falta (o no sólo) que alguien consiga convencerte de que hay algo malo en ti. Basta con que consiga que empieces a vigilarte.
Y esto importa especialmente a medida que nuestros hijos crecen.
Durante la preadolescencia y la adolescencia, la mirada de los demás adquiere muchísimo peso. Nuestro cerebro se vuelve especialmente sensible a la aceptación, el rechazo y la evaluación de los iguales.
Y tiene sentido.
Estamos aprendiendo a vivir en grupo y es normal que queramos encajar.
El problema aparece cuando para pertenecer empezamos a necesitar editarnos en todo para hacerlo.
Que ahí es donde opera el bullying.
Por eso te he contado lo de Dolly. (Por eso y porque se ha ido esta semana y esta mujer se merece todos los homenajes).
Porque eso que hacía ella de ser exactamente lo que ella era, vivir de acuerdo a lo que consideraba correcto y aguantar la incomodidad cuando otros no estaban de acuerdo, se trabaja.
¿Cómo? Eligiendo hacerlo todo el tiempo.
Dolly empezó bastante pronto.
Cuando era pequeña, su madre le hizo un abrigo con retales de distintos colores. A ella le encantó y fue orgullosísima al colegio.
Los demás niños se rieron de ella. La llamaron harapienta. Contó que eso le había dolido mucho, pero decidió no dejar de llevarlo.
Años después escribió Coat of Many Colors (Abrigo de muchos colores). Exitazo.
Dolly 1 - Bullies 0
Y entonces, llegó Elvis. Quería cantar una de sus canciones.
Elvis. Imagínate. Ella, emocionada.
Le exigieron que para que eso pasara, tenía que cederle parte de los derechos de la canción.
Dolly se negó. No era justo, claro.
Contó que había llorado mucho por eso. (Normal, no debe ser fácil decirle a Elvis que se peine.)
Pasan los años. Unos 20, más o menos.
Una mujer quería cantar su canción en su primera película. La misma de Elvis. Pero ella no exigía derechos.
Era Whitney Houston. La película, El Guardaespaldas.
Sí... El I will always love you, es de Dolly. Y ya sabemos lo que pasó con esa canción.
(Yo es que sólo de pensar lo que factura esta mujer un San Valentín tontorrón, me pongo contenta).
Pero es que lo más bonito viene ahora. Se hicieron amigas. Y Dolly, acabó comprando un complejo enorme en Nashville y puso allí sus oficinas; en un barrio considerado un gueto negro. Dio trabajo a muchísima gente y la zona floreció.
Lo hizo con su pelazo, sus tacones, su lycra. Y su talento, claro.
Y para que quedara claro que lo había hecho a propósito, siempre se refería a aquel sitio como: La casa que construyó Whitney.
Pues una forma de ayudar a nuestros hijos a ir descubriendo por ellos mismos quiénes son y tener las herramientas para mantenerse siendo ellos cuando se ponga complicado, es el Diario de Valientes.
Tienes 90 días de entrenar lo de brillar como Dolly, aquí.
En los márgenes
Espera.
Que todavía hay más. Y mejor aún.
Lee Parton, el padre de Dolly, no sabía leer ni escribir.
Ella contaba que era un hombre inteligentísimo y con una astucia enorme para los negocios, pero que aquella falta de educación le había pesado siempre y le había frenado mucho en su vida.
Así que, en 1995 (tres años después de lo del Guardaespaldas,
dato), decidió evitarle esa carga a otras personas.
Empezó por los niños de su condado, en Tennessee.
La idea era bastante sencilla: cada niño recibiría gratis
un libro al mes desde que naciera hasta que cumpliera cinco años.
Sin importar cuánto dinero tuviera su familia.
Lo llamó Imagination Library. La Biblioteca de la
Imaginación. (Luego que si me enamoro).
El primer libro que recibían era El motorcito que pudo.
Y el último, al cumplir cinco años, ¡Atenta guardería,
que allá voy!
Lo que empezó con unos cuantos niños de Tennessee se hizo
enorme.
Hoy la Imagination Library envía millones de libros cada
mes a niños de varios países.
Pero ni siquiera es esto lo que más me gusta. Mi parte
favorita es esta:
De todos los discos, premios, películas, negocios y cosas
bastante increíbles que consiguió su hija, Dolly contaba que la Imagination Library era aquello de lo que su padre estaba más orgulloso.
Él la ayudaba con el proyecto.
Y la llamaba:
«The Book Lady». La Señora de los Libros.
Y el cielo brilla más desde el martes, claro.
Un abrazo,
Naomi
PD: Diario de Valientes, aquí.
PD2: Para vernos el 30 de Septiembre, te apuntas aquí.
PD3: Y en Instagram en @cartasdeamorami.
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